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sábado, 12 de enero de 2013
Sahel: el Afganistán africano
Poco se ha publicado en los medios sobre el Sahel ("SaJel", con "J" de "Sahara"), aunque ahora espero que le prestemos algo más de atención con la que está al caer.
Si algo está claro es que el Sahel es el caldo de cultivo perfecto para el afloramiento y arraigo de grupos terroristas; ese enemigo al que las potencias occidentales declararon la guerra después de 2001. Cuando ya nos la tenían jurada por causas que no suelen detallar los informativos del medio día.
La pobreza en esos países está ciertamente desatendida pese a la constante ayuda humanitaria mal gestionada. Esa zona concreta de África ha estado envuelta en docenas de conflictos durante las últimas décadas, incluyendo guerras civiles y desastres humanitarios de cuyo estudio se encarga actualmente un determinado número de organismos europeos. La Justicia europea, al menos, parece estar haciendo bien su trabajo.
La inestabilidad política de determinados países del Sahel acepta o tolera la presencia de grupos yihadistas en algunas zonas concretas, lo cual empeora aun más la situación de inestabilidad interna. Ni decir tiene lo que esto supone para la población civil.
El control de las fronteras en países como Mali es prácticamente inexistente. Sin contar la corrupción política y la descordinación de las fuerzas del órden. Por este motivo se ha constatado la entrada y salida de milicias de todos los colores e ideologías sin que ningún tipo de autoridad pudiese hacer nada para evitarlo.
Los escasos esfuerzos del ejercito nacional y las sucesivas coaliciones africanas poco o nada pueden hacer debido a la amplia extensión de terreno que deben cubrir en jeep. Si hay suerte y hay 4x4 en el "cuartelillo". Sin contar con lo escurridizos que pueden ser estos grupos. Esto hace que las patruyas y los combates sean más difíciles de lo que pueda parecer. Cuando estos se suceden, suelen estar potivados por que alguien trata de cruzar la frontera con determinadas mercancías peligrosas para la seguridad colectiva. Dar el alto a algún grupo sospechoso y armado supone una odisea puesto que allí, como aquí, ningún ciudadano quiere morir en vano por una causa que se sabe, está más que perdida.
Todos estos datos pasarían desapercibidos para nosotros, civiles europeos de camisas limpias, que poco nos importan estos asuntos hasta que muere (o es secuestrado) algún paisano o cooperante nuestro. Entonces es cuando comenzamos a preocuparnos por el asunto; cuando vemos las orejas al lobo.
Así de humanitarios somos en casa.
Parece que no nos hemos percatado de que hasta la década de los 60 algunos de estos países no obtuvieron su independencia total, tras un periodo largo y sangriento de descolonización.
Pensando fríamente, también es verdad que han tenido tiempo de sobra para procurar su estabilización, seamos serios. Pero como siempre pasa, la lucha por el poder político supone un impedimento al desarrollo. Aquí y en la conchinchina.
En los tiempos de las colonias la metropoli de turno era Francia, para variar. Tal vez no la Francia de Hollande, pero sí una Francia más imperialista que la que nos toca vivir hoy día, ocupada en expoliar unos recursos más que apetecibles para las economías y mercados europeos.
Era lógico que esos ricos países supusiesen un objetivo económico previo al gas y al oro negro, de ahí el problema del que adolece gran parte de África. Pero no se lo tengamos en cuenta, por favor, seamos magnánimos con los gabachos. Al fin y al cabo a día de hoy están pagando nuestros excesos económicos...
Punto y a parte, en Somalía, país considerado por la doctrina como un "estado fallido", las cosas son bien distintas. Los secuestros y la piratería de Al-Shabbaabb al-Muyahidín ("la juventud muyahidín") están a la orden del día, aunque llevan bastantes años pasando desapercibidos a pesar de su creciente número. De hecho, sin "Black Hawk derribado", el Alakrana y otros casos análogos, tampoco nos hubiera importado mucho el Cuerno de África a los "demócratas" españoles, tan comprometidos con el Tercer Mundo como decimos ser.
En este país, he de aclarar, te matan por unas zapatillas o por una gallina que no esté en los huesos. Todo sea dicho, en palabras de un pirata secuestrador: "Aquí no hay enfermos, los tiramos al mar".
Su organización social es un sistema puramente tribal donde los ancianos ostentan el poder decisorio al tiempo que, como religión, se versiona un Islam a convenir por la localidad, con tendencia a radicalizarse contra el extranjero. Un Islam que nada tiene que ver con los chiíes y suníes a los que estamos acostumbrados, sino más bien un Islam más local, influenciado por el fanatismo que viene del norte. Allí, queridos lectores, es donde nuestros atuneros echan las redes y nuestros marineros se juegan la vida.
Pero volviendo al Sahel ¿qué demonios se nos ha perdido allí? A nosotros, obviamente nada. A los franceses, su poder colonial y un buen puñado de coltán, claro está.
La excusa, como siempre, es llevar la paz y la estabilidad a unos países donde la mano de obra y los recursos son, como he dicho antes, un goloso caramelo. Pero seamos crédulos y pensemos que la buena fe internacional empuja a los estados europeos a estabilizar zonas conflictivas como esa, vale. ¿Por qué no se crea entonces un comisionado en el Consejo de Seguridad que avale una misión conjunta entre la UNESCO y la OTAN? ¿Por qué tienen que ser los estados los que particularmente opten si ayudan al Sahel o no? ¿Es esa la voluntad de "estabilizar"?
A tenor del infructuoso rescate, o mejor, del "intento de rescate" de las últimas 24 horas, creo que está todo muy claro para el que lo sepa ver:
Una operación de tal magnitud llevada a cabo por la élite militar francesa después de tres largos años de secuestro (que se dice pronto). Un despliegue de medios que supera ampliamente la capacidad logística y de fuego de los harapientos somalíes. La posibilidad de pactar el pago del secuestro y luego arrasar con todo (cosa que ya hicieron anteriormente en otro rescate). El permiso firmado de los altos mandos europeos que avalan cualquier intervención rápida de rescate. Un servicio secreto más que eficiente... ¿Y aún así fallan el maldito rescate? Yo, señores míos, no me lo trago.
En Francia, por ende, aumenta la alerta antiterrorista dentro y fuera de su territorio. Incluyendo sus embajadas en países de África y Oriente Medio. Países donde los intereses "occidentales" son vulnerables al ataque coordinado de organizaciones yihadistas internacionales, cuyo nombre no diré aquí, por si acaso.
En fin, viendo cómo esta operación apesta a mentira, parece ser que hace falta sacrificar a 2 soldados (sin contar con el secuestrado, cuyo cadaver aún no se ha mostrado a los medios como suele hacerse), para justificar una intervención militar en Mali, corazón del Sahel, desde donde organizar la "reestructuración" prometida. Deberían preguntar a los americanos, que de eso saben bastante. Aunque supongo que aquí hacemos las cosas mejor y no soltamos el clásico royo de que vamos a ir a "democratizar" otros pueblos. Que ya sería lo último.
No hay duda de que comienza otra guerra en la que Europa se verá involucrada, lo quiera o no, por la voluntad de un puñado de políticos ineptos que no saben ni sujetar un fusil ni les importan los pobres negritos del Sahel, por los que varios de nuestros soldados van a perder sus vidas.
lunes, 7 de enero de 2013
El lado más humano de la maldad.
Tras
mucho meditarlo he llegado a la conclusión de que, lejos de
justificar nada, Heichmann no era sino un ser humano cualquiera. Un
ser humano tanto como cualquier otro.
Su ejecución no tardaría en motivar un experimento de psicología social (de la mano de Stanley Milgram y su "maquinita de las descargas", personaje y experimento que sugiero investigar) que concluyó en que la maldad humana existe, y además desde tiempos inmemoriales, que el ser humano justifica su mala conducta y su sadismo con la subyugación que le exime de la responsabilidad de sus propios actos. Cualquiera de nosotros podría ser un nazi convencido de su aria misión, por mucho que les sorprenda.
En palabras de Eduard Punset: “El secreto para entregarse a la crueldad es desprenderse de la responsabilidad: libres del sentido de culpa, aparece el lado más oscuro de la naturaleza humana”
¿Qué pasa cuando el Poder nos justifica para asesinar, violar y esquilmar a los débiles? ¿Qué pasa cuando la responsabilidad de estos autores desaparece, cuando la conciencia es acallada con la falsa idea de estar obligado a ello?
Se produce entonces la ley pendular de la Naturaleza, en la que las víctimas pasan a ser verdugos a causa de su propia naturaleza humana, a causa de su íntimo resentimiento (personal y biológico).
Las elites que han ocupado el Poder tienen la maldición de perderlo y de perecer ante quienes lo ocupan posteriormente, ante los antiguos “subyugados”.
Cronológicamente le ha sucedido a la Iglesia Católica, a los monarcas europeos, a los burgueses y ahora, en el caso de España, a la masculinidad. Con más o con menos razón.
Todos los que han gozado de una posición de poder y pierden este “puesto”, acaban siendo arrastrados a los pies de los caballos por aquellos a los que han dominado.
El feminismo radical viene a ser a la masculinidad lo mismo que la Revolución Francesa de 1789 vino a ser para la monarquía gala. De igual modo que después sería la Revolución Bolchevique para la monarquía rusa y en esa misma línea, lo mismo que sucedió en la Hispania visigoda cuando aquellos exaltados musulmanes fueron conscientes de la debilidad de aquellos que antaño derrotaron a Roma.
El problema radica sin duda en la concepción personal y popular de la imagen de “enemigo”; si nadie hubiese considerado a la realeza (gala, rusa o visigoda) como responsable de las desgracias de su pueblo, éste nunca se hubiese revelado o actuado contra ella.
Es por eso que determinados mandatarios se afanan en mostrar su cara limpia ante los medios: es más fácil combatir un mal demonizado que un mal carismático. Eso lo sabemos desde la antigüedad.
En este caso, se ha considerado a la masculinidad como el responsable directo de la opresión femenina (supuestamente histórica). Un cuento que debió haber visto su fin en 1978, con nuestra nueva y flamante Constitución. Pero por desgracia esto no fue así; Según el feminismo actual, el patriarcado sigue oprimiendo a la feminidad en su conjunto, y es en el seno de nuestro sistema democrático donde esta y otras falacias tienen cabida bajo la irrebatible justificación de la libertad de expresión, que abarca todo tipo de ideas disparatadas que, por ley, han de ser respetadas.
Es en el seno de unos derechos civiles donde prácticamente todo tipo de lucha está justificada si el objetivo es tan loable que justifica los medios necesarios para alcanzarlo.
Cuando al pueblo español se le otorgan derechos, históricamente, tiende a abusar del sistema. Es un hecho va implícito en nuestra moral hispánica. Esto es así porque hemos permanecido demasiado tiempo subyugados a la voluntad del Poder. Es ahora cuando tenemos la posibilidad de ostentarlo ¡y qué casualidad! Lejos de hacer un uso responsable de nuestro poder, arremetemos contra los viejos señoríos y los falsos ídolos con los que nos educaron. ¿Es por tanto loable este mal llamado “progreso”? Rotundamente no.
Nuestro renacer es nuestra condena, personal y social. Es destino de un pueblo el ser libre pero con determinados límites; no se puede alcanzar la libertad ni la justicia mediante la destrucción de los viejos enemigos. En eso se basa el sentido común y el sentido de la justicia. No podemos perseguir a quienes nos persiguieron porque si no sólo estamos cambiando la marioneta que se sienta en el sillón y porta el cetro.
Mantener un estado bélico perpetuo en el alma humana sólo nos empuja a sustituir al “disidente” por otra persona que interese perseguir, sólo para aplacar nuestro propio miedo a ser perseguidos. Eso, señores míos, no es avanzar, es justificar una matanza injustificable, es justificar una persecución, una cruzada que tiene por bandera retraerse hasta el punto de buscar una motivación vital que sólo acapara odio y destrucción a su paso. Odio para combatir el miedo, procurando estar siempre por encima incluso de la llamada “causa justa”.
______________________________________________________
"De todas las Guerras Santas, Cruzadas y actos infames justificados a lo largo de la historia que he podido percibir, no he visto la verdadera presencia de ningún dios, sino la maldad y el resentimiento del ser humano."
Su ejecución no tardaría en motivar un experimento de psicología social (de la mano de Stanley Milgram y su "maquinita de las descargas", personaje y experimento que sugiero investigar) que concluyó en que la maldad humana existe, y además desde tiempos inmemoriales, que el ser humano justifica su mala conducta y su sadismo con la subyugación que le exime de la responsabilidad de sus propios actos. Cualquiera de nosotros podría ser un nazi convencido de su aria misión, por mucho que les sorprenda.
En palabras de Eduard Punset: “El secreto para entregarse a la crueldad es desprenderse de la responsabilidad: libres del sentido de culpa, aparece el lado más oscuro de la naturaleza humana”
¿Qué pasa cuando el Poder nos justifica para asesinar, violar y esquilmar a los débiles? ¿Qué pasa cuando la responsabilidad de estos autores desaparece, cuando la conciencia es acallada con la falsa idea de estar obligado a ello?
Se produce entonces la ley pendular de la Naturaleza, en la que las víctimas pasan a ser verdugos a causa de su propia naturaleza humana, a causa de su íntimo resentimiento (personal y biológico).
Las elites que han ocupado el Poder tienen la maldición de perderlo y de perecer ante quienes lo ocupan posteriormente, ante los antiguos “subyugados”.
Cronológicamente le ha sucedido a la Iglesia Católica, a los monarcas europeos, a los burgueses y ahora, en el caso de España, a la masculinidad. Con más o con menos razón.
Todos los que han gozado de una posición de poder y pierden este “puesto”, acaban siendo arrastrados a los pies de los caballos por aquellos a los que han dominado.
El feminismo radical viene a ser a la masculinidad lo mismo que la Revolución Francesa de 1789 vino a ser para la monarquía gala. De igual modo que después sería la Revolución Bolchevique para la monarquía rusa y en esa misma línea, lo mismo que sucedió en la Hispania visigoda cuando aquellos exaltados musulmanes fueron conscientes de la debilidad de aquellos que antaño derrotaron a Roma.
El problema radica sin duda en la concepción personal y popular de la imagen de “enemigo”; si nadie hubiese considerado a la realeza (gala, rusa o visigoda) como responsable de las desgracias de su pueblo, éste nunca se hubiese revelado o actuado contra ella.
Es por eso que determinados mandatarios se afanan en mostrar su cara limpia ante los medios: es más fácil combatir un mal demonizado que un mal carismático. Eso lo sabemos desde la antigüedad.
En este caso, se ha considerado a la masculinidad como el responsable directo de la opresión femenina (supuestamente histórica). Un cuento que debió haber visto su fin en 1978, con nuestra nueva y flamante Constitución. Pero por desgracia esto no fue así; Según el feminismo actual, el patriarcado sigue oprimiendo a la feminidad en su conjunto, y es en el seno de nuestro sistema democrático donde esta y otras falacias tienen cabida bajo la irrebatible justificación de la libertad de expresión, que abarca todo tipo de ideas disparatadas que, por ley, han de ser respetadas.
Es en el seno de unos derechos civiles donde prácticamente todo tipo de lucha está justificada si el objetivo es tan loable que justifica los medios necesarios para alcanzarlo.
Cuando al pueblo español se le otorgan derechos, históricamente, tiende a abusar del sistema. Es un hecho va implícito en nuestra moral hispánica. Esto es así porque hemos permanecido demasiado tiempo subyugados a la voluntad del Poder. Es ahora cuando tenemos la posibilidad de ostentarlo ¡y qué casualidad! Lejos de hacer un uso responsable de nuestro poder, arremetemos contra los viejos señoríos y los falsos ídolos con los que nos educaron. ¿Es por tanto loable este mal llamado “progreso”? Rotundamente no.
Nuestro renacer es nuestra condena, personal y social. Es destino de un pueblo el ser libre pero con determinados límites; no se puede alcanzar la libertad ni la justicia mediante la destrucción de los viejos enemigos. En eso se basa el sentido común y el sentido de la justicia. No podemos perseguir a quienes nos persiguieron porque si no sólo estamos cambiando la marioneta que se sienta en el sillón y porta el cetro.
Mantener un estado bélico perpetuo en el alma humana sólo nos empuja a sustituir al “disidente” por otra persona que interese perseguir, sólo para aplacar nuestro propio miedo a ser perseguidos. Eso, señores míos, no es avanzar, es justificar una matanza injustificable, es justificar una persecución, una cruzada que tiene por bandera retraerse hasta el punto de buscar una motivación vital que sólo acapara odio y destrucción a su paso. Odio para combatir el miedo, procurando estar siempre por encima incluso de la llamada “causa justa”.
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"De todas las Guerras Santas, Cruzadas y actos infames justificados a lo largo de la historia que he podido percibir, no he visto la verdadera presencia de ningún dios, sino la maldad y el resentimiento del ser humano."
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martes, 6 de noviembre de 2012
Historia de la injusticia.
Esta entrada la desvelo previamente a la publicación del libro que estoy escribiendo. Pertenece al prólogo del mismo, así que creo que no haré ningún "spoiler" indebido. Y si lo hago, que no creo, ruego que los hipotéticos lectores de mi obra me sepan perdonar.
No muestro el presente texto con ningún ánimo de publicitar la obra que se está escribiendo, que no lo merece aun, sino porque me siento moralmente obligado a dar a luz una parte de él.
La injusticia que cambia el mundo tiene su origen en algún lugar, y espero que el lector reflexione a cerca de sus orígenes tanto o más que yo.
Así pues, espero que disfruten este breve adelanto literario:
¿Cómo
comienzan las injusticias? Es una de tantas preguntas trampa que
nadie en su sano juicio es capaz de contestar de manera
universal.
Unos dicen que la injusticia nació en el mismo instante en que el hombre primitivo tuvo la conciencia suficiente como para adoptar la propiedad privada. Cuando aquel homínido clavó las cuatro estacas en la tierra, delimitando un predio o un territorio que pasaría a formar parte de su patrimonio. Y que prohibió acceder a él a las personas que él consideraba non-gratas. Para extrañeza de sus semejantes, que hicieron lo mismo después de él.
Otros piensan que la injusticia comenzó cuando el fuerte ejerció su poder contra el débil. Otros que fue al contrario, cuando los débiles se hicieron fuertes y se vengaron del fuerte.
Muchos otros, mal encaminados y temerosos de la verdad, piensan que la respuesta a esa pregunta se encuentre en la religión. O en los designios de algún carismático hombre de fe.
Y hablando de religión y de génesis. Si algo es seguro es que la injusticia ha acompañado al ser humano desde sus orígenes más remotos. Y no por una mera cuestión evolutiva, racional o religiosa. Sino por algo más ancestral a él: La propia Naturaleza de la raza humana.
La naturaleza es injusta. Nada tiene que ver que seas un buen insecto o un buen mamífero. La inminente glaciación o el próximo diluvio matará a ambos igualmente. Hayan sido o no buenos con sus iguales.
Entre todos esos anónimos iluminados que dan su opinión por escrito a cerca de temas trascendentales, surge a veces alguien capaz de aunar en sí el talento y la visión suficientes como para dar a luz una obra literaria digna de leer. He de decir que yo no me considero uno de esos excepcionales seres.
La injusticia siempre existió, desde antes de que la vida existiese.
Los planetas ya pueden ser considerados “entes” del universo, y están formados por un polvo cósmico que perteneció a una o a varias acumulaciones de materia. Materia que sufrió la injusticia de la extinción, para dar a su vez la oportunidad de crear otros mundos y otras galaxias en un ciclo sin aparente fin.
Por tanto me inclino a pensar que la injusticia como tal, nace con la concepción racional del ser humano. Junto a la concepción moral de los actos que se suceden en su contexto correspondiente.
Esta concepción permite apreciar en el universo las anomalías que no se corresponden con una forma concreta de ver la vida y el mundo a nuestro alrededor. Dicho de otra forma, es la apreciación que aparece como respuesta cuando se truncan las leyes de la coherencia más personal.
Aquí abriríamos otro debate a cerca de si la injusticia surgió antes o después de la moral...
De ahí que la Justicia (y la ausencia de ésta) sea algo tan relativo y al mismo tiempo tan universal. Tan humano y tan natural. Un hecho surgido de la capacidad humana de percibir racionalmente el mundo exterior.
Pero el saber estos datos no cambiará que las injusticias sigan sucediéndose y sigan cambiando el universo a su manera. Las percibamos o no.
Unos dicen que la injusticia nació en el mismo instante en que el hombre primitivo tuvo la conciencia suficiente como para adoptar la propiedad privada. Cuando aquel homínido clavó las cuatro estacas en la tierra, delimitando un predio o un territorio que pasaría a formar parte de su patrimonio. Y que prohibió acceder a él a las personas que él consideraba non-gratas. Para extrañeza de sus semejantes, que hicieron lo mismo después de él.
Otros piensan que la injusticia comenzó cuando el fuerte ejerció su poder contra el débil. Otros que fue al contrario, cuando los débiles se hicieron fuertes y se vengaron del fuerte.
Muchos otros, mal encaminados y temerosos de la verdad, piensan que la respuesta a esa pregunta se encuentre en la religión. O en los designios de algún carismático hombre de fe.
Y hablando de religión y de génesis. Si algo es seguro es que la injusticia ha acompañado al ser humano desde sus orígenes más remotos. Y no por una mera cuestión evolutiva, racional o religiosa. Sino por algo más ancestral a él: La propia Naturaleza de la raza humana.
La naturaleza es injusta. Nada tiene que ver que seas un buen insecto o un buen mamífero. La inminente glaciación o el próximo diluvio matará a ambos igualmente. Hayan sido o no buenos con sus iguales.
Entre todos esos anónimos iluminados que dan su opinión por escrito a cerca de temas trascendentales, surge a veces alguien capaz de aunar en sí el talento y la visión suficientes como para dar a luz una obra literaria digna de leer. He de decir que yo no me considero uno de esos excepcionales seres.
La injusticia siempre existió, desde antes de que la vida existiese.
Los planetas ya pueden ser considerados “entes” del universo, y están formados por un polvo cósmico que perteneció a una o a varias acumulaciones de materia. Materia que sufrió la injusticia de la extinción, para dar a su vez la oportunidad de crear otros mundos y otras galaxias en un ciclo sin aparente fin.
Por tanto me inclino a pensar que la injusticia como tal, nace con la concepción racional del ser humano. Junto a la concepción moral de los actos que se suceden en su contexto correspondiente.
Esta concepción permite apreciar en el universo las anomalías que no se corresponden con una forma concreta de ver la vida y el mundo a nuestro alrededor. Dicho de otra forma, es la apreciación que aparece como respuesta cuando se truncan las leyes de la coherencia más personal.
Aquí abriríamos otro debate a cerca de si la injusticia surgió antes o después de la moral...
De ahí que la Justicia (y la ausencia de ésta) sea algo tan relativo y al mismo tiempo tan universal. Tan humano y tan natural. Un hecho surgido de la capacidad humana de percibir racionalmente el mundo exterior.
Pero el saber estos datos no cambiará que las injusticias sigan sucediéndose y sigan cambiando el universo a su manera. Las percibamos o no.
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domingo, 15 de julio de 2012
Y después de los Simpsons, pan y circo.
Venimos avisados desde antes de que se publicara el libro de 1984 de Orwell.
El Gran Hermano diezma los derechos del ciudadano. No me quiero referir al reality que cuestiona mi intelecto y el de todo un país, no. Con Gran Hermano quisiera referirme a un caso que se sucedió hace dos meses, en el que varios funcionarios públicos son encausados por un delito contra la intimidad de varias docenas de personas. Y he aquí lo jocoso: Si cuatro indocumentados que poseen nuestros datos más personales hacen negocio con ellos ¿Qué no podrá hacer el Ejecutivo? ¿Qué datos no pueden desconocer de nosotros el Judicial? ¿Y qué normas tendrán “en estudio” los señores del Legislativo?
Encausan a personalidades del CNI por este mismo delito, por supuesto porque hay manos que pagan por obtener esos datos (*1). Y he aquí mi pregunta: ¿Estamos seguros?
La respuesta a esta pregunta es un rotundo NO. La ciudadanía no está segura en manos de estos gobernantes. Y si alguien hace acopio del lirismo político y de discursos que citan nuestra Carta Magna, llegaremos a una conclusión: Tenemos la misma privacidad que la que tenían los ciudadanos de la antigua URSS, de la antigua RDA y de la Alemania Nazi, las cosas como son.
Ese ansia de control, ese SITEL mal usado y toda esa maquinaria bolchevique destinada a saber y conocer a cerca de la vida íntima de cada uno de nosotros, ahora resumido todo a golpe de “click”.
Y en estos tiempos, en este marco socio-político, de esas leyes excusadas por la “seguridad nacional”, surgen entes que buscan permanecer al margen de las “orejas del Estado” (que no al margen de la Ley, aunque algunos se empecinen en sacarle similitud), con un mensaje más que claro: “A mí no me espiéis, cabrones. Yo no he votado vuestra falsa democracia”.
Es después de los Simpsons cuando nos bombardean con esa mierda prefabricada en algún lugar de Madrid. Cuando con cuentagotas se nos inducen a pensar como algunos quieren que pensemos. Y es entonces cuando a ese pueblo, que no se entera “de misa, la mitad”, le llega el turno de hablar y comentar, de difundir las falaces ideas que los listillos de turno quieren que comentemos en cada momento de nuestra vida privada, aquella que, muy a su pesar, aun no pueden controlar.
En todo un país nadie se alarma cuando se destapa una trama que estafa a las arcas del Estado cientos de miles de euros. De hecho, nos lo tomamos a broma y hacemos chistes sobre ello. Y digo yo ¿Dónde está el sentido común? ¿Dónde está ese afán por la justicia social que distingue al pueblo del soberano?.
En este caso no quisiera excusar a los maltratadores, pero ¿y si a alguien, en medio de una crisis social, económica y de valores, se le ocurre “armar” a un montón de putas (personas que se venden a los intereses de otros) con las herramientas necesarias para desestructurar a más de 350 familias diarias a cambio de una suculenta cifra mensual? ¿Eso no nos molesta? ¿Eso no nos indigna?
2.000€ por mujer “maltratada” que provienen de una plataforma europea van a parar a las arcas del Estado, eso son 700.000€ diarios que una economía “en recesión” agradece gustosamente. Una cifra para la que sí merece la pena montar todo un organigrama hembrista, y es que por desgracia, los hombres parece que no aportamos dinero al Estado.
Por eso cuando llamo a algunas personas putas y zorras, creo que hablo con total exactitud conceptual. Ya que cuando se trabaja para el Estado en perjuicio del ciudadano, uno deja de ser parte del pueblo al que debe servir, por mucho que en los mítines y peritajes “imparciales” se pretenda presuponer otra cosa.
¿Y cuánto vale la libertad de un hombre? Todo lo que se le pueda sacar vía resolución judicial, más lo que cada mujer “maltratada” recibe en concepto de prestación, más la minuta de los abogados, más el sueldo de los funcionarios, peritos y personal de aquellos juzgados destinados a instigar los conflictos, la injusticia en la custodia de los hijos y la privación de la libertad masculina, sí, esos juzgados especiales.
La libertad de un hombre en España vale lo que sus carceleros están dispuestos a pagar por ella, por su mujer no, por sus derechos y por su libertad.
Y si las putas y sus chulos nos están gobernando en un país donde ya no se puede distinguir entre los cuatro poderes ¿Qué nos queda? ¿Qué os queda, españolitos de a pié? Sumiros en la miseria a los que tengáis una familia que mantener y un desempleo que soportar, sumiros en la misogínia a los que conozcáis un caso de falsa denuncia en materia de violencia de género, sumiros en la vergüenza aquellas que habéis luchado por la “igualdad real y efectiva” consagrada en el artículo 14 de nuestra Constitución, sumiros en el descrédito y en la impotente incredulidad aquellos que cada sábado os topáis de bruces con las minifaldas, portadas por esas mujeres que en un futuro pueden lucrarse y vivir de vosotros a costa de lo que os arranque el Estado.
Y muchas gracias, Pajín, Aido y demás personas de la misma rehala por jodernos a todos y a todas.
Muchas gracias por promover las políticas socialistas de “pan para hoy y hambre para mañana” que han convertido el último bastión de la sociedad (la familia) en una cueva de ladrones. Política de las que España algún día se arrepentirá y tendrá que pagar mientras otras se retiran de la política con sueldos bien jugosos. Gracias a todos vosotros que habéis tachado de "prevaricador" a un juez sevillano que lo único que ha intentado ha sido promover el sentido común y la mediación en los albores de una realidad que se asemeja más a Sodoma y Gomorra que a cualquier Estado democrático... ¿O no?.
El Gran Hermano diezma los derechos del ciudadano. No me quiero referir al reality que cuestiona mi intelecto y el de todo un país, no. Con Gran Hermano quisiera referirme a un caso que se sucedió hace dos meses, en el que varios funcionarios públicos son encausados por un delito contra la intimidad de varias docenas de personas. Y he aquí lo jocoso: Si cuatro indocumentados que poseen nuestros datos más personales hacen negocio con ellos ¿Qué no podrá hacer el Ejecutivo? ¿Qué datos no pueden desconocer de nosotros el Judicial? ¿Y qué normas tendrán “en estudio” los señores del Legislativo?
Encausan a personalidades del CNI por este mismo delito, por supuesto porque hay manos que pagan por obtener esos datos (*1). Y he aquí mi pregunta: ¿Estamos seguros?
La respuesta a esta pregunta es un rotundo NO. La ciudadanía no está segura en manos de estos gobernantes. Y si alguien hace acopio del lirismo político y de discursos que citan nuestra Carta Magna, llegaremos a una conclusión: Tenemos la misma privacidad que la que tenían los ciudadanos de la antigua URSS, de la antigua RDA y de la Alemania Nazi, las cosas como son.
Ese ansia de control, ese SITEL mal usado y toda esa maquinaria bolchevique destinada a saber y conocer a cerca de la vida íntima de cada uno de nosotros, ahora resumido todo a golpe de “click”.
Y en estos tiempos, en este marco socio-político, de esas leyes excusadas por la “seguridad nacional”, surgen entes que buscan permanecer al margen de las “orejas del Estado” (que no al margen de la Ley, aunque algunos se empecinen en sacarle similitud), con un mensaje más que claro: “A mí no me espiéis, cabrones. Yo no he votado vuestra falsa democracia”.
Es después de los Simpsons cuando nos bombardean con esa mierda prefabricada en algún lugar de Madrid. Cuando con cuentagotas se nos inducen a pensar como algunos quieren que pensemos. Y es entonces cuando a ese pueblo, que no se entera “de misa, la mitad”, le llega el turno de hablar y comentar, de difundir las falaces ideas que los listillos de turno quieren que comentemos en cada momento de nuestra vida privada, aquella que, muy a su pesar, aun no pueden controlar.
En todo un país nadie se alarma cuando se destapa una trama que estafa a las arcas del Estado cientos de miles de euros. De hecho, nos lo tomamos a broma y hacemos chistes sobre ello. Y digo yo ¿Dónde está el sentido común? ¿Dónde está ese afán por la justicia social que distingue al pueblo del soberano?.
En este caso no quisiera excusar a los maltratadores, pero ¿y si a alguien, en medio de una crisis social, económica y de valores, se le ocurre “armar” a un montón de putas (personas que se venden a los intereses de otros) con las herramientas necesarias para desestructurar a más de 350 familias diarias a cambio de una suculenta cifra mensual? ¿Eso no nos molesta? ¿Eso no nos indigna?
2.000€ por mujer “maltratada” que provienen de una plataforma europea van a parar a las arcas del Estado, eso son 700.000€ diarios que una economía “en recesión” agradece gustosamente. Una cifra para la que sí merece la pena montar todo un organigrama hembrista, y es que por desgracia, los hombres parece que no aportamos dinero al Estado.
Por eso cuando llamo a algunas personas putas y zorras, creo que hablo con total exactitud conceptual. Ya que cuando se trabaja para el Estado en perjuicio del ciudadano, uno deja de ser parte del pueblo al que debe servir, por mucho que en los mítines y peritajes “imparciales” se pretenda presuponer otra cosa.
¿Y cuánto vale la libertad de un hombre? Todo lo que se le pueda sacar vía resolución judicial, más lo que cada mujer “maltratada” recibe en concepto de prestación, más la minuta de los abogados, más el sueldo de los funcionarios, peritos y personal de aquellos juzgados destinados a instigar los conflictos, la injusticia en la custodia de los hijos y la privación de la libertad masculina, sí, esos juzgados especiales.
La libertad de un hombre en España vale lo que sus carceleros están dispuestos a pagar por ella, por su mujer no, por sus derechos y por su libertad.
Y si las putas y sus chulos nos están gobernando en un país donde ya no se puede distinguir entre los cuatro poderes ¿Qué nos queda? ¿Qué os queda, españolitos de a pié? Sumiros en la miseria a los que tengáis una familia que mantener y un desempleo que soportar, sumiros en la misogínia a los que conozcáis un caso de falsa denuncia en materia de violencia de género, sumiros en la vergüenza aquellas que habéis luchado por la “igualdad real y efectiva” consagrada en el artículo 14 de nuestra Constitución, sumiros en el descrédito y en la impotente incredulidad aquellos que cada sábado os topáis de bruces con las minifaldas, portadas por esas mujeres que en un futuro pueden lucrarse y vivir de vosotros a costa de lo que os arranque el Estado.
Y muchas gracias, Pajín, Aido y demás personas de la misma rehala por jodernos a todos y a todas.
Muchas gracias por promover las políticas socialistas de “pan para hoy y hambre para mañana” que han convertido el último bastión de la sociedad (la familia) en una cueva de ladrones. Política de las que España algún día se arrepentirá y tendrá que pagar mientras otras se retiran de la política con sueldos bien jugosos. Gracias a todos vosotros que habéis tachado de "prevaricador" a un juez sevillano que lo único que ha intentado ha sido promover el sentido común y la mediación en los albores de una realidad que se asemeja más a Sodoma y Gomorra que a cualquier Estado democrático... ¿O no?.
*1 (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/28/espana/1298897146.html)
domingo, 10 de junio de 2012
Imagina...
Imagina ese clásico partido que tanto esperabas. Ese épico partido que todo un país lleva aguardando desde el final de la pasada temporada.
Imagina a esos dos equipos, de frente, cara a cara, con sus coloridas indumentarias sin ninguna diferencia aparente salvo la que quizás surge entre los mismos integrantes de ambos equipos.
Unidos ambos por la victoria sin tener peso la raza o la familia de cada uno.
Imagina que entre el jaleo de los hinchas, los dos equipos toman el campo. La moneda se lanza al aire pero el árbitro ignora este azar, asignando a uno de ellos un determinado lado del campo.
La gente no silba ni protesta, a fin de cuentas es conveniente empezar así, esa elección no decide nada.
Imagina que ambos entrenadores han arengado a ambos equipos y la tensión se masca en el aire. Hay una gran copa brillante y mucho dinero en el saco, no se prevé un juego limpio.
Imagina que se sucede el partido y un grupo de los jugadores de uno de los equipos juega de modo agresivo. Se suceden rodillazos, patadas, pisotones por todas partes. A veces incluso detrás del mismo árbitro, quien no se percata de lo que sucede.
Los jueces de línea comunican por radio algunas faltas sin decir concretamente el integrante del equipo que las ha cometido. El árbitro intenta que esta situación deje de sucederse, no obstante, los hinchas de un equipo no para de gritar y abuchear a los jugadores del otro campo. El árbitro, en consecuencia, saca tarjetas amarillas y rojas al equipo cuyos hinchas no vociferan ni protestan. La mayor parte de las veces sin ver la “agresión” con sus propios ojos, fiándose del criterio de los linieres.
Ante esa injusticia deportiva, los hinchas del equipo afectado no alzan la voz salvo cuando uno de los jugadores de su equipo es pateado por el otro equipo, es decir, cuando hay una auténtica agresión en el campo. No obstante, los linieres no notifican esas faltas antideportivas, parecen no verlas.
Los jugadores del equipo "pisoteado" saben que deben volver rápidamente al juego. No hay para llorar en el suelo, sino para ganar marcando todos los goles posibles.
Los jugadores del equipo "pisoteado" saben que deben volver rápidamente al juego. No hay para llorar en el suelo, sino para ganar marcando todos los goles posibles.
Imagina que termina el primer tiempo y han sido expulsados cinco jugadores de uno de los equipos. El marcador está 3 a 0 y muchos de los hinchas del equipo perdedor abandonan las gradas. Algunos se van a casa y otros cambian su asiento por el del otro equipo, sin embargo aun quedan hinchas del equipo perdedor, que permanecen en su sitio a la espera de que mejore el partido. A fin de cuentas también hay amigos y familiares de los jugadores en esas gradas.
Cuando comienza la segunda parte y alguien ha escondido las botellas de agua en los vestuarios del equipo que va perdiendo.
Durante el juego, en un descuido, un integrante del equipo vencedor asesta un puñetazo a uno de los jugadores del equipo que va perdiendo.
Entonces que el agresor, teatralizando, se tira al suelo y comienza a arrugarse mientras el otro, mareado y sangrando, protesta ante el árbitro la agresión recibida. Los jueces de línea dicen no haber visto nada.
Imagina que el árbitro, confuso, toma la decisión de expulsar del campo al agredido, ante los vítores y aplausos de los numerosos hinchas del equipo vencedor y ante el desconcierto de todos los integrantes del equipo que va perdiendo.
El entrenador del equipo perdedor está demasiado ocupado llamando por teléfono y leyendo una revista, ignorando el juego de sus entrenados y el desarrollo del partido. De hecho, hasta olvida cambiar a los jugadores más cansados o reponerlos ante las numerosas expulsiones.
Los medios de comunicación que televisan el partido no siguen la pelota como es debido, no obstante, no dejan de repetir los excelentes tiro a puerta que han dado lugar al 3-0. El juego peligroso del equipo ganador es sustituido por las imágenes que muestran a un jugador tirado en el suelo arrugándose, fingiendo unas ensayadas muecas de dolor.
El marcador asciende a 4-0, y ante el júbilo de los exaltados hinchas y el árbitro es testigo de una agresión entre dos jugadores, provocada por un delantero del equipo vencedor. El árbitro lo tiene claro y saca la tarjeta amarilla al responsable de la conducta antideportiva.
Imagina entonces que los hinchas comienzan a insultar al árbitro y éste se encoge de hombros.
Imagina que después de unos minutos el partido llega a su fin. Mientras los vencedores aguardan en el campo y son vitoreados, los jugadores del equipo perdedor salen del campo con la cabeza baja, sin el apoyo de su entrenador, sedientos, exhaustos e insultados por muchos de sus propios hinchas, sin contar las injurias que les lanzan los simpatizantes del equipo vencedor.
En los titulares del día siguiente se aprecia como yace en el campo, arrugándose de dolor, un jugador del equipo ganador y cómo un integrante del equipo rival realiza una entrada peligrosa. Terminando la noticia con una instantánea en la que figura el resultado del partido.
Imagina que esos mismos medios de comunicación han manipulado las cifras de las faltas antideportivas producidas.La redacción del periódico ha omitido algunas agresiones producidas por el equipo vencedor y han agravado las y sanciones a jugadores del equipo perdedor.
Imagina entonces que se publican también unas sanciones a los jugadores que estaban en el banquillo y que ni si quiera pisaron el césped.
Imagina que a los hinchas del equipo perdedor se les señala por la calle y se les critica por llevar la camiseta de su equipo.
Ningún periodista quiere entrevistar al entrenador ni a los jugadores del equipo que no consiguió marcar ningún gol a pesar de que ellos declaran que el partido estaba “comprado”.
El equipo vencedor se había estado promocionando diciendo que era un equipo omitido del ámbito deportivo, que estaba alienado y que nunca había ganado un partido por sus propios medios.
Todo el mundo aplaude al árbitro, que favoreció al equipo vencedor.
Imagina que en lugar de ser un partido, sea la vida real.
Imagina que ese espectáculo deportivo se llama termina con la coletilla de “... de género”.
Imagina que el equipo vencedor se presenta ante los medios como el equipo "igualitario" de las mujeres españolas.
Imagina que el árbitro representa al Poder Judicial. Y que los jueces de línea representan a los Fiscales.
Imagina que el público son hombres y mujeres de todas las provincias, obligados a ver y ser informados de ese irracional partido.
Imagina que toda una grada deshumanizada de hinchas jóvenes y adultos de todas las edades vitorean y aplauden los abusos de todo un sistema que atenta contra los derechos de otras personas con las que no guardan parentesco ni relación.
Imagina que los insultos y la discriminación asolasen la vida de personas que no han hecho nada más que haber nacido hombres, buenos novios, hijos, padres o abuelos de familia.
Imagina que toda una grada deshumanizada de hinchas jóvenes y adultos de todas las edades vitorean y aplauden los abusos de todo un sistema que atenta contra los derechos de otras personas con las que no guardan parentesco ni relación.
Imagina que los insultos y la discriminación asolasen la vida de personas que no han hecho nada más que haber nacido hombres, buenos novios, hijos, padres o abuelos de familia.
Imagina que el partido que se sucedió en 2004 (el Día de los Inocentes, el 28 de Diciembre) y aún se sigue jugando...
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