lunes, 14 de enero de 2013

Un falso asesinato en Somalia, yihadismo, la guerra de Mali y el tufo a coltán


La historia a veces nos muestra que las casualidades no existen. Sin embargo, cuando estas se producen suelen ser provocadas por las potencias internacionales, que como buena empresa buscan obtener beneficios, independientemente del coste humano y del plazo al que pongan sus inversiones.

Volvemos a nombrar a Mali, días después de la entrada anterior (http://meinmuro.blogspot.com.es/2013/01/el-afganistan-africano.html) que tras cuatro jornadas de guerra ya nos muestra la trayectoria que van a tomar los acontecimientos.

En primer lugar el conflicto de Mali coincidió con una operación de rescate para liberar a su tan ansiado rehén en Somalía desde hacía tres años y cuyo rescate fue infructuoso debido, entre otros asuntos, a la “publicidad” con la que el comando de rescate se adentró en la zona hostil. A tiro limpio al amanecer.
Las últimas investigaciones nos dicen que es posible que el rehén haya muerto, pero que uno de los dos rescatadores siga con vida. Hecho que es milagroso en un secuestro como este. Sin embargo, aunque nos pueda parecer extraño, al-shabbaabb ha tocado un filón con este personaje que parece ser más rentable vivo que muerto, a su entender.
Denis Allex forma (o formaba) parte de un operativo de Inteligencia. Está claro que el Gobierno Francés hará lo que esté en su mano para recuperar a su muchacho ahora que todo el mundo está mirando. La información que le han sacado a golpes es de vital importancia para los yihadistas; pues supone datos sobre un enemigo que no va a tardar en combatirles.
En otras circunstancias menos publicitadas al operativo (agente) se le suele abandonar a su suerte, así es la “política de empresa” del gremio del espionaje. Es extraño que de un modo u otro siga vivo, demasiado extraño.

Me sigue oliendo mal que el gobierno francés confirme una muerte ante los medios de comunicación sin que ésta se produzca realmente. Esto me hace sospechar que el comando de liberación no tenía entre sus propósitos el de rescatar a nadie. Entrar a tiros, dos soldados muertos, el anuncio de la entrada del comando a 3Km de la zona del intercambio, no sé si me explico...
Es demasiado increíble y extraño que se produzcan esa serie de catastróficos fiascos durante una operación de esa magnitud. Los franceses no suelen ser tan chapuceros con esas cosas, algunos lo sabemos de sobra.

Pero volviendo al tema de Mali. El yihadismo está sufriendo una revolución a escala mundial. Parece ser que el número de adeptos a los diferentes tipos de Islam radical están en aumento. De hecho, no paran de meternos miedo con el asunto por múltiples vías.
Tal vez el riesgo justifique las medidas, tal vez no. Pero me gustaría saber una cosa: ¿Dónde están las armas de los arsenales de Gadafi?
Después de la guerra de Libia cesaron el bloqueo internacional y el control sobre las fronteras; los vencedores habían hecho historia. La atención se desplazaba de las armas a la política, craso error.
No hay nada mejor para un grupo yihadista que un mercado abarrotado de armas baratas, armas cuya existencia se desconoce debido al poco o nulo control que hay sobre las mismas.

Resumiendo: los arsenales del señor Gadafi han abastecido con creces el ansia armamentística de los ejércitos de Allah, particularmente los del sur de Sudán y del oeste del Congo.
La OTAN y la ONU tuvieron en su mano la potestad de acabar con este tráfico ilegal de armas que fluía como un río por todo el centro de África. Sin embargo, fíjense ustedes qué casualidad; a estos mismos organismos internacionales se les “escapó” este ligero detalle. Los arsenales eran vaciados mientras todos estábamos atentos a las políticas pseudodemocráticas de los “hermanos musulmanes”.

        (Milicias en Mali)
                                                       
Una sola muerte puede justificar medidas bélicas alimentadas por la paranoia de un pueblo, en este caso, el francés, muy fácil de acojonar cuando hay negritos en la ecuación. Su agente de Inteligencia está causando demasiada incomodidad al gobierno de Hollande permaneciendo aún en manos del enemigo. Ya se le dará solución al problema tarde o temprano.

Las medidas antiterroristas ya están siendo desplegadas desde hace tres o cuatro días. Pero no son nada comparado con lo que está por venir después de que se produzca el primer atentado yihadista en suelo francés (que ojalá me equivoque).
Desde Mali ya han avisado: “Francia ha atacado al Islam, nosotros atacaremos el corazón de Francia”. Y es que Abu Dardar tiene claro que la escala de ataques comprende progresivamente Bamako, África, Francia y Europa. En ese orden.
Los ciudadanos europeos sólo tenemos una salida: Refugiar nuestros derechos más íntimos a los gestores gubernamentales para que nos salven del “terrorista” y del “moro malo”. Pedir auxilio a un estado que nos garantice la salvación de nuestras vidas.
De producirse dicha "salvación" se activará un protocolo propio del “Gran Hermano” de Orwell y su 1984. Todavía más restrictivo con la población de como es hoy, y también con sus derechos más íntimos.
 Nos van a vender la guerra en Mali como un proceso de liberación, de pacificación, de expansión de los Derechos Humanos, de "rescate". Al igual que el Señor Bush hizo con Iraq hace ya casi una década. El mismo cuento de siempre, el mismo cuento que justifica las guerras...
 Pero nos venderán la moto diciendo que no tenemos nada que temer, que todo está controlado. Que los rehenes volverán a casa, y si no vuelven, habrá que "vengarles", habrá que hacer justicia y mantenerse fuertes. Esa es la arenga política llena de mentiras que tanto nos regala el oído a los europeos cuando nos acojonamos (o nos acojonan) por el terrorismo.

Me gustaría ser positivo, pero me inclino a avalar la teoría de la conspiración en este caso dado el trascurso los acontecimientos. España, como no podría ser de otra manera, no sólo no condena la guerra, sino que además continúa con sus actividades en Mali, encaminadas al adiestramiento de policías y militares leales al gobierno (si es que podemos considerar su ejército como un conjunto de regulares).
Todo apesta a coltán y a una serie de artimañas políticas de igual hedor que podríamos resumir en los siguientes puntos:

a) Se pretende obtener recursos mineros en Mali por determinadas vías. Entre las que se encuentra el pactismo económico con países como el Congo y el frágil gobierno de Mali. Países que seguramente secundarán la invasión. Aportando tropas y medios.
b) Con la excusa del terrorismo yihadista, se busca aumentar el control sobre la población civil francesa (y sus comunicaciones).
c) Provocar el islamismo radical en zonas de África para combatirlo más dura y contundentemente. O esta sería la excusa.
d) Tolerar el contrabando de armas libio como medio de abastecimiento del creciente número de terroristas que hay que combatir. Los arsenales de su ejecutado.
e) Desalentar (o avisar) a Siria de cara a una posible intervención militar de la OTAN en su territorio. Ojo que "esto" es lo que puede pasar.

No sé cuánto hay de verdad en estos apartados, pero la verdad es que es para pensárselo seriamente cuando ves a los medios de comunicación dando una noticia en la que han “reciclado” imágenes de otros países para venderlas como si fuesen Mali. Yo mientras, estupefacto, mentando a la madre del ideólogo de ese reportaje.
Es para pensárselo seriamente...

sábado, 12 de enero de 2013

Sahel: el Afganistán africano


Poco se ha publicado en los medios sobre el Sahel ("SaJel", con "J" de "Sahara"), aunque ahora espero que le prestemos algo más de atención con la que está al caer.
Si algo está claro es que el Sahel es el caldo de cultivo perfecto para el afloramiento y arraigo de grupos terroristas; ese enemigo al que las potencias occidentales declararon la guerra después de 2001. Cuando ya nos la tenían jurada por causas que no suelen detallar los informativos del medio día.

La pobreza en esos países está ciertamente desatendida pese a la constante ayuda humanitaria mal gestionada. Esa zona concreta de África ha estado envuelta en docenas de conflictos durante las últimas décadas, incluyendo guerras civiles y desastres humanitarios de cuyo estudio se encarga actualmente un determinado número de organismos europeos. La Justicia europea, al menos, parece estar haciendo bien su trabajo.

La inestabilidad política de determinados países del Sahel acepta o tolera la presencia de grupos yihadistas en algunas zonas concretas, lo cual empeora aun más la situación de inestabilidad interna. Ni decir tiene lo que esto supone para la población civil.
El control de las fronteras en países como Mali es prácticamente inexistente. Sin contar la corrupción política y la descordinación de las fuerzas del órden. Por este motivo se ha constatado la entrada y salida de milicias de todos los colores e ideologías sin que ningún tipo de autoridad pudiese hacer nada para evitarlo.
Los escasos esfuerzos del ejercito nacional y las sucesivas coaliciones africanas poco o nada pueden hacer debido a la amplia extensión de terreno que deben cubrir en jeep. Si hay suerte y hay 4x4 en el "cuartelillo". Sin contar con lo escurridizos que pueden ser estos grupos. Esto hace que las patruyas y los combates sean más difíciles de lo que pueda parecer. Cuando estos se suceden, suelen estar potivados por que alguien trata de cruzar la frontera con determinadas mercancías peligrosas para la seguridad colectiva. Dar el alto a algún grupo sospechoso y armado supone una odisea puesto que allí, como aquí, ningún ciudadano quiere morir en vano por una causa que se sabe, está más que perdida.

Todos estos datos pasarían desapercibidos para nosotros, civiles europeos de camisas limpias, que poco nos importan estos asuntos hasta que muere (o es secuestrado) algún paisano o cooperante nuestro. Entonces es cuando comenzamos a preocuparnos por el asunto; cuando vemos las orejas al lobo.
Así de humanitarios somos en casa.

Parece que no nos hemos percatado de que hasta la década de los 60 algunos de estos países no obtuvieron su independencia total, tras un periodo largo y sangriento de descolonización.
Pensando fríamente, también es verdad que han tenido tiempo de sobra para procurar su estabilización, seamos serios. Pero como siempre pasa, la lucha por el poder político supone un impedimento al desarrollo. Aquí y en la conchinchina.
En los tiempos de las colonias la metropoli de turno era Francia, para variar. Tal vez no la Francia de Hollande, pero sí una Francia más imperialista que la que nos toca vivir hoy día, ocupada en expoliar unos recursos más que apetecibles para las economías y mercados europeos.
Era lógico que esos ricos países supusiesen un objetivo económico previo al gas y al oro negro, de ahí el problema del que adolece gran parte de África. Pero no se lo tengamos en cuenta, por favor, seamos magnánimos con los gabachos. Al fin y al cabo a día de hoy están pagando nuestros excesos económicos...

Punto y a parte, en Somalía, país considerado por la doctrina como un "estado fallido", las cosas son bien distintas. Los secuestros y la piratería de Al-Shabbaabb al-Muyahidín ("la juventud muyahidín") están a la orden del día, aunque llevan bastantes años pasando desapercibidos a pesar de su creciente número. De hecho, sin "Black Hawk derribado", el Alakrana y otros casos análogos, tampoco nos hubiera importado mucho el Cuerno de África a los "demócratas" españoles, tan comprometidos con el Tercer Mundo como decimos ser.
En este país, he de aclarar, te matan por unas zapatillas o por una gallina que no esté en los huesos. Todo sea dicho, en palabras de un pirata secuestrador: "Aquí no hay enfermos, los tiramos al mar".
Su organización social es un sistema puramente tribal donde los ancianos ostentan el poder decisorio al tiempo que, como religión, se versiona un Islam a convenir por la localidad, con tendencia a radicalizarse contra el extranjero. Un Islam que nada tiene que ver con los chiíes y suníes a los que estamos acostumbrados, sino más bien un Islam más local, influenciado por el fanatismo que viene del norte. Allí, queridos lectores, es donde nuestros atuneros echan las redes y nuestros marineros se juegan la vida.

Pero volviendo al Sahel ¿qué demonios se nos ha perdido allí? A nosotros, obviamente nada. A los franceses, su poder colonial y un buen puñado de coltán, claro está.
La excusa, como siempre, es llevar la paz y la estabilidad a unos países donde la mano de obra y los recursos son, como he dicho antes, un goloso caramelo. Pero seamos crédulos y pensemos que la buena fe internacional empuja a los estados europeos a estabilizar zonas conflictivas como esa, vale. ¿Por qué no se crea entonces un comisionado en el Consejo de Seguridad que avale una misión conjunta entre la UNESCO y la OTAN? ¿Por qué tienen que ser los estados los que particularmente opten si ayudan al Sahel o no? ¿Es esa la voluntad de "estabilizar"?

A tenor del infructuoso rescate, o mejor, del "intento de rescate" de las últimas 24 horas, creo que está todo muy claro para el que lo sepa ver:
Una operación de tal magnitud llevada a cabo por la élite militar francesa después de tres largos años de secuestro (que se dice pronto). Un despliegue de medios que supera ampliamente la capacidad logística y de fuego de los harapientos somalíes. La posibilidad de pactar el pago del secuestro y luego arrasar con todo (cosa que ya hicieron anteriormente en otro rescate). El permiso firmado de los altos mandos europeos que avalan cualquier intervención rápida de rescate. Un servicio secreto más que eficiente... ¿Y aún así fallan el maldito rescate? Yo, señores míos, no me lo trago.

En Francia, por ende, aumenta la alerta antiterrorista dentro y fuera de su territorio. Incluyendo sus embajadas en países de África y Oriente Medio. Países donde los intereses "occidentales" son vulnerables al ataque coordinado de organizaciones yihadistas internacionales, cuyo nombre no diré aquí, por si acaso.

En fin, viendo cómo esta operación apesta a mentira, parece ser que hace falta sacrificar a 2 soldados (sin contar con el secuestrado, cuyo cadaver aún no se ha mostrado a los medios como suele hacerse), para justificar una intervención militar en Mali, corazón del Sahel, desde donde organizar la "reestructuración" prometida. Deberían preguntar a los americanos, que de eso saben bastante. Aunque supongo que aquí hacemos las cosas mejor y no soltamos el clásico royo de que vamos a ir a "democratizar" otros pueblos. Que ya sería lo último.
No hay duda de que comienza otra guerra en la que Europa se verá involucrada, lo quiera o no, por la voluntad de un puñado de políticos ineptos que no saben ni sujetar un fusil ni les importan los pobres negritos del Sahel, por los que varios de nuestros soldados van a perder sus vidas.

lunes, 7 de enero de 2013

El lado más humano de la maldad.


Tras mucho meditarlo he llegado a la conclusión de que, lejos de justificar nada, Heichmann no era sino un ser humano cualquiera. Un ser humano tanto como cualquier otro.
Su ejecución no tardaría en motivar un experimento de psicología social (de la mano de Stanley Milgram y su "maquinita de las descargas", personaje y experimento que sugiero investigar) que concluyó en que la maldad humana existe, y además desde tiempos inmemoriales, que el ser humano justifica su mala conducta y su sadismo con la subyugación que le exime de la responsabilidad de sus propios actos. Cualquiera de nosotros podría ser un nazi convencido de su aria misión, por mucho que les sorprenda.
En palabras de Eduard Punset: “El secreto para entregarse a la crueldad es desprenderse de la responsabilidad: libres del sentido de culpa, aparece el lado más oscuro de la naturaleza humana”

¿Qué pasa cuando el Poder nos justifica para asesinar, violar y esquilmar a los débiles? ¿Qué pasa cuando la responsabilidad de estos autores desaparece, cuando la conciencia es acallada con la falsa idea de estar obligado a ello?

Se produce entonces la ley pendular de la Naturaleza, en la que las víctimas pasan a ser verdugos a causa de su propia naturaleza humana, a causa de su íntimo resentimiento (personal y biológico).

Las elites que han ocupado el Poder tienen la maldición de perderlo y de perecer ante quienes lo ocupan posteriormente, ante los antiguos “subyugados”.
Cronológicamente le ha sucedido a la Iglesia Católica, a los monarcas europeos, a los burgueses y ahora, en el caso de España, a la masculinidad. Con más o con menos razón.
Todos los que han gozado de una posición de poder y pierden este “puesto”, acaban siendo arrastrados a los pies de los caballos por aquellos a los que han dominado.

El feminismo radical viene a ser a la masculinidad lo mismo que la Revolución Francesa de 1789 vino a ser para la monarquía gala. De igual modo que después sería la Revolución Bolchevique para la monarquía rusa y en esa misma línea, lo mismo que sucedió en la Hispania visigoda cuando aquellos exaltados musulmanes fueron conscientes de la debilidad de aquellos que antaño derrotaron a Roma.
El problema radica sin duda en la concepción personal y popular de la imagen de “enemigo”; si nadie hubiese considerado a la realeza (gala, rusa o visigoda) como responsable de las desgracias de su pueblo, éste nunca se hubiese revelado o actuado contra ella.

Es por eso que determinados mandatarios se afanan en mostrar su cara limpia ante los medios: es más fácil combatir un mal demonizado que un mal carismático. Eso lo sabemos desde la antigüedad.
En este caso, se ha considerado a la masculinidad como el responsable directo de la opresión femenina (supuestamente histórica). Un cuento que debió haber visto su fin en 1978, con nuestra nueva y flamante Constitución. Pero por desgracia esto no fue así; Según el feminismo actual, el patriarcado sigue oprimiendo a la feminidad en su conjunto, y es en el seno de nuestro sistema democrático donde esta y otras falacias tienen cabida bajo la irrebatible justificación de la libertad de expresión, que abarca todo tipo de ideas disparatadas que, por ley, han de ser respetadas.

Es en el seno de unos derechos civiles donde prácticamente todo tipo de lucha está justificada si el objetivo es tan loable que justifica los medios necesarios para alcanzarlo.

Cuando al pueblo español se le otorgan derechos, históricamente, tiende a abusar del sistema. Es un hecho va implícito en nuestra moral hispánica. Esto es así porque hemos permanecido demasiado tiempo subyugados a la voluntad del Poder. Es ahora cuando tenemos la posibilidad de ostentarlo ¡y qué casualidad! Lejos de hacer un uso responsable de nuestro poder, arremetemos contra los viejos señoríos y los falsos ídolos con los que nos educaron. ¿Es por tanto loable este mal llamado “progreso”? Rotundamente no.

Nuestro renacer es nuestra condena, personal y social. Es destino de un pueblo el ser libre pero con determinados límites; no se puede alcanzar la libertad ni la justicia mediante la destrucción de los viejos
enemigos. En eso se basa el sentido común y el sentido de la justicia. No podemos perseguir a quienes nos persiguieron porque si no sólo estamos cambiando la marioneta que se sienta en el sillón y porta el cetro.
Mantener un estado bélico perpetuo en el alma humana sólo nos empuja a sustituir al “disidente” por otra persona que interese perseguir, sólo para aplacar nuestro propio miedo a ser perseguidos. Eso, señores míos, no es avanzar, es justificar una matanza injustificable, es justificar una persecución, una cruzada que tiene por bandera retraerse hasta el punto de buscar una motivación vital que sólo acapara odio y destrucción a su paso. Odio para combatir el miedo, procurando estar siempre por encima incluso de la llamada “causa justa”.
_________________________________________________
_____
"De todas las Guerras Santas, Cruzadas y actos infames justificados a lo largo de la historia que he podido percibir, no he visto la verdadera presencia de ningún dios, sino la maldad y el resentimiento del ser humano."

jueves, 13 de diciembre de 2012

El capitalismo y su ejercitación virtual



El capitalismo, por definición, supone toda una organización social, política, filosofía y teoría económica y mercantil resultante de la libertad económica. El capitalismo afianza su teoría en la disposición de la propiedad privada sobre el capital (Das Kapital, de Carlos Marx) como herramienta de producción personal y estatal de bienes y servicios en una esfera mercantil (local, nacional o internacional).
En un sistema capitalista tanto los individuos como las empresas llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes o servicios siguiendo una forma liberalizada. Ésta se basa, entre otras cosas, en la ley de la oferta y la demanda (propia del libre mercado o economía de mercado) entre unos “consumidores” y unos “productores” que es como se divide la sociedad en esta estructura.
Es así un sistema que se fundamenta en un único fin, que llamaríamos “capitalista”, el cual no es sino el obtener un máximo beneficio monetario, no hay más razón que esa.

El capitalismo, debido a esta frialdad material con la que enfoca el mundo, origina ciertos problemas de índole social. Es problemático (socialmente hablando y atendiendo a razones humanistas) el hecho de relegar al individuo a un segundo plano bajo los intereses económicos que se ven reflejados en el máximo beneficio.

Mucho se ha hablado y escrito sobre el capitalismo a lo largo de los últimos siglos. Sin embargo, llegados a este punto en el que el fenómeno de la globalización se impone y podemos apreciar (en parte) los problemas que origina esta manera de “organización”, deberíamos preguntarnos ¿Podemos corregir el capitalismo como teoría económica? ¿Podemos superarlo? ¿Podemos conservar la teoría del máximo beneficio (al mínimo coste) atendiendo a los intereses de la sociedad? ¿Cómo se enfrenta el capitalismo a los tiempos modernos? Y por último ¿El capitalismo se expande como teoría económica autónoma?

Para contestar a esas simples cuestiones de una manera completa y exacta, esta entrada debería extenderse hasta el hastío del lector, por ello sugiero que lo más conveniente es que nos centraremos en ésta última pregunta, enfocándola desde otra perspectiva: ¿Cómo se nos inculca (expandiendose así) la teoría capitalista?. El resto de cuestiones es conveniente que el lector se las plantee por sí mismo y trate de llegar a una conclusión acorde con la realidad.

El ejemplo que más claramente nos demuestra la teoría económica capitalista en la práctica no es sino la realidad misma. No obstante hay que alertarse ante un hecho tal como la socialización o educación en materia económica.
¿Nos forman para ser consumidores y productores? ¿Nos inculcan de manera inconsciente estos valores?
La respuesta es un rotundo Sí.

                                             * * *

Lejos de debatir si los videojuegos son buenos o malos para los niños y la sociedad juvenil en general. No se puede discutir que, en efecto, los videojuegos que más “educan” son aquellos que emulan la hechos de la vida cotidiana. Hechos que para el sujeto constituyen una realidad cotidiana.
De esta forma se presenta en el mercado del ocio virtual del año 2000 un videojuego que simula la vida en comunidad vecinal de una familia o un individuo. La intención que la dinámica del juego propone desde el primer momento es la de crear una familia estable, aunque esto es muy discutible, pues aunque se premian las relaciones sociales, no se exige que esta vida estrictamente
familiar tenga que llevarse a cabo de manera obligatoria.



El videojuego dispone de un modo que permite la cimentación, planificación y edificación del hogar. Físicamente hablando (podemos elegir hasta el color de las tejas). Sin contar con la amplia gama de productos, enseres y a fin de cuentas, mobiliario que está a disposición del jugador para disfrute de su personaje.
De esta manera podemos recrear la casa de nuestros sueños y la vida que de algún modo nos gustaría llevar. Pero eso sí, mucho ojo: todo, absolutamente TODO hay que pagarlo con la moneda virtual de la que dispone el juego, a fin de generar en el jugador cierto
frenesí capitalista cuando el sujeto ha cumplido con sus necesidades básicas (y otras añadidas) primarias y secundarias. El jugador puede incluso puede permitirse el lujo de influir en el estado de ánimo del personaje...
Hay miles de combinaciones y perspectivas desde las que se puede enfocar el modo de juego.

En esta sociedad idílica no existe el desempleo (si no se busca adrede), siempre habrá un periódico o un ordenador donde se puede acceder a las ofertas del mercado laboral y aceptarlas o declinaras. El jugador, lejos de presentar una tendencia altruista, sabe que para adquirir los bienes, necesita dinero y este se obtiene a través del trabajo (Marxismo puro) sin contar con las necesidades biológicas base.






¡Cuán perniciosa y perversa es la mentalidad en la que nos adiestra este videojuego! Lejos de la política capitalista que impera en microuniverso virtual. A los jugadores de carne, hueso y seso les atrae la idea de experimentar con uno o varios individuos (que por supuesto nos obedecen como por designio divino). Podemos decidir libremente sobre la vida y o la muerte de estos seres. Sobre su felicidad o infelicidad, sobre su planificación de vida, sosiego, ocupaciones y relación con otros personajes.
Tratando de humanizar un conjunto de “
ceros y unos”, nosotros, personas lógicas y reales, somos capaces ceder ante la seductora moral hobbesiana y acabar (por simple aburrimiento) esclavizando o sometiendo a un individuo virtual a condiciones que fácilmente podrían ser perseguidas por El Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pero, en palabras de una jugadora: “Es divertido quitar la escalerilla...”

En fin, sólo quiero pensar que determinadas clases sociales no tratan de hacer real este videojuego, decidiendo por nosotros hasta el último pensamiento o acción de nuestra vida privada. Quisiera con esto hacer una reflexión sobre la libertad individual a la que todos los seres humanos deberíamos tener derecho. Aunque a veces esta libertad se enfoque en la vida real como a nosotros nos parece en este caso: sólo un juego.

                                                            * * *

Ante las continuas reflexiones que importunan al autor, no cabe más remedio que preguntarlas al público, proponiendo un sano debate, por si se aventura alguien más a tratar de meditar sobre el asunto.
En relación con el tema del videojuego, la pregunta es: ¿Habría cabida en relanzar un nuevo título versionado (o parodiado) de este videojuego siguiendo el arquetipo de un sistema no capitalista? Y de que éste nuevo título sea atractivo para el propio mercado: ¿Podrían crearse unos “sims” que emularan la vida de una familia soviética, china, cubana o norcoreana?. De ser así, me asaltan otras cuestiones: ¿Habría comisarios políticos que inspeccionaran las casas y premiaran la buena conducta revolucionaria? ¿Podría sancionarse al sujeto de no ser así? ¿Procedería a ser obligado por este comisario a ir trabajar si el individuo se negara a asistir al trabajo? ¿Podrían limitarse u obviarse algunas necesidades? ¿Podrían los “sims” rebelarse contra una mala gestión del jugador y abandonar el yugo que les somete (al menos temporalmente)?

Y la que ciertamente más importunaría a algunos de ustedes: ¿Podrían en esta versión comprarse posters o bustos con el rostro de Lenin o Ernesto Guevara y ponerlos en el lugar deseado del hogar?

domingo, 25 de noviembre de 2012

La moral de los muertos vivientes

Twitter, Tuenti, FB y demás mierdas tecno-modernas son quienes se han cargado el romanticismo clásico que tanto buscáis como zombies internáuticos. 
En un país donde la moral huele a discoteca y "San Valentín" es sinónimo de "Corte Inglés", vienen cuatro gilipollas y enuncian entre lágrimas que "el amor ha muerto". ¿Qué pensabais? ¿Que algo tan noble como es el amor romántico iba a durar mucho en estos tiempos que corren? ¿Qué alma en vuestras frágiles manos de urbalistos va a poder soportar el dolor y la pasión a partes iguales?.

Vemos el divorcio 
como algo "normal" y natural. La homosexualidad como algo que se puede (y se debe) restregar al prójimo por la cara y exigir respeto. Cuidado, que no te llamen la atención por ser "una loca" porque coses a descalificaciones homófobas al ofendido de turno; eso sí que es lo "normal" ¿no?. En una sociedad donde el vicio moral se legitima y cualquier excusa es suficiente para motivar un crimen contra los derechos de otro, vienen los partícipes de la barbarie a mendigar Valores... Increíble.
 Esto es así porque así son los tiempos que nos han tocado vivir. Porque son los tiempos los que crean y edifican la costumbre "evolutiva" de nuestra sociedad. Y por cojones hay que acostumbrarse o nos condenan al ostracismo y exilian a la montaña, con Zaratustra.
Sin embargo luego pedimos a gritos, como yonkis sociales que somos, que necesitamos y exigimos del prójimo valores tan "arcaicos" como son el honor, la fidelidad, la sinceridad, la amistad... 

En una sociedad que se muere de sarna progresista y de liberalismo moral, yo os digo: Que os jodan. Haberlo pensado antes de comprar la entrada de aquella magnífica discoteca que tan bien os vendió un asalariado relaciones públicas. Que os jodan. Haberlo pensado antes de hacerle caso al amigo tonto de turno que os enseñó cómo teníais que vivir vuestra vida.

Tenéis hambre y sed de algo que nunca habéis visto más allá de una pantalla. Tenéis adicción a una autoestima europea que se cae a pedazos por el propio lastre que supone tener que mantenerla diariamente. Y sufrís al tener que inyectarle dosis de reconstituyentes ficticios de droga prefabricada por unas mentes brillantes en algún despacho de Nueva York o de Londres...
Buena suerte, en serio. Buena suerte con esa vida sintética de la que tanto os enorgullecéis.

martes, 6 de noviembre de 2012

Historia de la injusticia.


Esta entrada la desvelo previamente a la publicación del libro que estoy escribiendo. Pertenece al prólogo del mismo, así que creo que no haré ningún "spoiler" indebido. Y si lo hago, que no creo, ruego que los hipotéticos lectores de mi obra me sepan perdonar.
 No muestro el presente texto con ningún ánimo de publicitar la obra que se está escribiendo, que no lo merece aun, sino porque me siento moralmente obligado a dar a luz una parte de él.
 La injusticia que cambia el mundo tiene su origen en algún lugar, y espero que el lector reflexione a cerca de sus orígenes tanto o más que yo.
Así pues, espero que disfruten este breve adelanto literario:


¿Cómo comienzan las injusticias? Es una de tantas preguntas trampa que nadie en su sano juicio es capaz de contestar de manera universal.
Unos dicen que la injusticia nació en el mismo instante en que el hombre primitivo tuvo la conciencia suficiente como para adoptar la propiedad privada. Cuando aquel homínido clavó las cuatro estacas en la tierra, delimitando un predio o un territorio que pasaría a formar parte de su patrimonio. Y que prohibió acceder a él a las personas que él consideraba non-gratas. Para extrañeza de sus semejantes, que hicieron lo mismo después de él.

Otros piensan que la injusticia comenzó cuando el fuerte ejerció su poder contra el débil. Otros que fue al contrario, cuando los débiles se hicieron fuertes y se vengaron del fuerte.
Muchos otros, mal encaminados y temerosos de la verdad, piensan que la respuesta a esa pregunta se encuentre en la religión. O en los designios de algún carismático hombre de fe.

Y hablando de religión y de génesis. Si algo es seguro es que la injusticia ha acompañado al ser humano desde sus orígenes más remotos. Y no por una mera cuestión evolutiva, racional o religiosa. Sino por algo más ancestral a él: La propia Naturaleza de la raza humana.

La naturaleza es injusta. Nada tiene que ver que seas un buen insecto o un buen mamífero. La inminente glaciación o el próximo diluvio matará a ambos igualmente. Hayan sido o no buenos con sus iguales.

Entre todos esos anónimos iluminados que dan su opinión por escrito a cerca de temas trascendentales, surge a veces alguien capaz de aunar en sí el talento y la visión suficientes como para dar a luz una obra literaria digna de leer. He de decir que yo no me considero uno de esos excepcionales seres.

La injusticia siempre existió, desde antes de que la vida existiese.
Los planetas ya pueden ser considerados “entes” del universo, y están formados por un polvo cósmico que perteneció a una o a varias acumulaciones de materia. Materia que sufrió la injusticia de la extinción, para dar a su vez la oportunidad de crear otros mundos y otras galaxias en un ciclo sin aparente fin.

Por tanto me inclino a pensar que la injusticia como tal, nace con la concepción racional del ser humano. Junto a la concepción moral de los actos que se suceden en su contexto correspondiente.
Esta concepción permite apreciar en el universo las anomalías que no se corresponden con una forma concreta de ver la vida y el mundo a nuestro alrededor. Dicho de otra forma, es la apreciación que aparece como respuesta cuando se truncan las leyes de la coherencia más personal.
Aquí abriríamos otro debate a cerca de si la injusticia surgió antes o después de la moral...

De ahí que la Justicia (y la ausencia de ésta) sea algo tan relativo y al mismo tiempo tan universal. Tan humano y tan natural. Un hecho surgido de la capacidad humana de percibir racionalmente el mundo exterior.

Pero el saber estos datos no cambiará que las injusticias sigan sucediéndose y sigan cambiando el universo a su manera. Las percibamos o no.

martes, 25 de septiembre de 2012

¿Dónde están los "pura sangre" universitaria?


Entre mis preocupaciones, como de costumbre, tengo siempre presente el tema de la juventud que puebla este siglo. Una juventud que no deja de ser el desbocado motor de este mundo alocado y confuso para todos. Sin hablar de estos tiempos tan difíciles, que parecen nublar el juicio hasta del más audaz.

He podido observar durante estos años que ya no se lleva con honor el birrete, que se ha olvidado lo que significa ser universitario más allá de las orlas y las fotos con beca sobre la televisión.
Para horror mío y de cualquiera que aún siga pensando que la universidad es un centro donde crear profesionales, parece ser que estos tiempos han traído otros tipos distintos de "crisis" a parte de la económica, que es más que evidente.
La dudosa moralidad de una generación de jóvenes descontentos con su país, con sus familias (y aunque no lo reconozcan, con su entorno) sólo ha alimentado al monstruo nihilista que habita entre nosotros desde la entrada del nuevo milenio. Un monstruo que pretende lo mismo de siempre; sacarles hasta el último de sus flamantes euros a cambio de un ocio mundano, supuestamente infinito. A fin de cuentas, la divulgación de una moral basada en la complacencia humanista y egoísta de todos los tiranos.

No me siento respetado por ser universitario, de hecho soy consciente de que ningún universitario es respetado hoy día de igual manera que se respetaba hace años. Y eso tiene su explicación si nos paramos a pensar.

Los universitarios son y han sido siempre la élite de la sociedad en cuanto al saber y al conocimiento, cuyas puertas rara vez se les cerraban en las narices.
 Ahora no se necesita que estas puertas se cierren por mano ajena, sino que se las cierran ellos mismos como si tuviesen potestad para volver atrás y abrirlas. Y no es de extrañar.
Quien esté ávido de ciencia recurrirá a la Universidad, quien deseé saber más a cerca de sus inquietudes intelectuales también acudirá a la Universidad. El campus es un ser vivo que se alimenta con la actividad de jóvenes y viejos, con la interacción de sabios y necios. Como siempre ha sido. El debate y la interacción de varias posturas divergentes es VITAL para el progreso y la incorporación de nuevas ideas a la ciencia. ¿O no es acaso eso la Universidad?
Otra explicación del menosprecio que se tiene por los estudiantes es seguramente el numero de alumnos. Antaño era costoso (y exclusivo) el hecho de ir a la universidad. Eso aseguraba ciertos niveles de excelencia en sus individuos, aunque no en todos los casos, como ya se sabe. Lejos de atribuir a la Universidad un carácter clasista, bien es cierto que la presencia de un escaso número de doctos los hacía también valiosos, muy valiosos. Por el contrario, cuando prácticamente cualquiera puede ser licenciado y tener un máster, el mercado laboral se resiente. Porque no nos engañemos, el mercado laboral no busca cualquier sujeto, busca la excelencia, la mejor apuesta, lo competente, lo fuera de serie.

Hoy día como alternativa a esta fuente “física” de conocimientos, está, como no, Internet. Esto hace que la abundancia de conocimientos y de técnica haga cada vez mas compleja la inserción en el mundo laboral de graduados recién salidos de las aulas. Alumnos que, con una formación mediocre a causa de las decisiones políticas y la escasez de exigencias docentes (basadas en el mercantilismo), tratan de resolver las dudas de forma más o menos rápida y exacta.
La pureza del saber reside en los centros de enseñanza o dondequiera que haya un equipo mayor o menor de docentes e investigadores que sean capaces de ponernos sobre la pista de lo que andamos buscando. De nuevo el calor humano, el diálogo y la comprensión se hacen un factor inexcusable para el aprendizaje.

                                                                  * * *

El prestigio no deja de ser una mercancía más de este mundo. El “honoris causa” de los individuos sigue residiendo en su humanidad y en el trato que tienen con otras personas. ¿En qué asignatura me enseñarían a ser bueno con mis semejantes? No recuerdo ver ninguna en los recientes planes de estudios.

Lejos de abordar la temática a cerca de la necesidad de formar moralmente a los juristas, que es el ámbito que yo frecuento, surge también el tema de la necesidad de “depurar” la enseñanza que nos ha tocado sufrir. No recortando materias ni horas de clase, no. Depurando las personas que acuden con más o menos dificultad al ámbito universitario.
Antes me refería a “mercancía” en cuanto al prestigio, y no me equivoco cuando digo que el valor de las cosas se reduce cuando éstas pasan por muchas manos o son usadas por una amplia multitud de personas. El prestigio basado en la competitividad y la excelencia. El prestigio que siempre hemos apreciado en universidades como Harvard, Oxford o Yale.

¿Qué prestigio podemos encontrar si todos somos recibimos la misma formación? Ahí entra el asunto de las calificaciones. Que ya sabemos lo que son. Pero tratando de ir más lejos ¿Qué honores alcanzaré si toda una Administración se propone masificar las aulas en pos de los derechos de todos los usuarios? ¿Qué hay de elitista (socialmente hablando) en compartir las bancas de la cátedra con decenas de ceporros con animadversión al saber?.
Conclusión: A grandes rasgos no podemos encontrar prestigio, ni honores ni elitismos en el ámbito universitario español clásico.
Todos tenemos derecho a la educación, sí. Pero de calidad. Es lógico que no todos los jóvenes del nuevo Siglo han tenido el privilegio de gestarse una “apariencia universitaria”, apariencia que rara vez llega a cotejarse con la realidad.
Siempre he utilizado el símil del cuarto de baño. Cuando nos encontramos en el baño de una casa, usado por dos pares de seres humanos, observaremos que estará siempre más limpio que cualquier cuarto de baño público; usado por decenas de personas al día, que no lo limpian ni tienen por costumbre mantenerlo pulcro, puesto que no es suyo. Igual debería ser la institución universitaria, con la diferencia de que a pesar de que es usada por mucho más personal es una institución que pagamos con el dinero de todos. La solución es la de siempre: Tratar de evitar una masificación innecesaria y exigir responsabilidades cívicas a sus usuarios de la misma, para buscar ni más ni menos la misma finalidad que con el baño: mantenerlo decente para que cumpla decoroso sus objetivos.

                                                                                * * *

El universitario debe ser un grano de arena en la playa del conocimiento. Debe aspirar a la provocación, al debate, al dialogo y a la lucha dialéctica con otros usuarios, aunque luego se vayan de cañas. No deberá olvidar jamas que aprender y formarse es la esencia de la vida universitaria.

Si los universitarios gozasen del prestigio que el título les confiere, no llevarían el tren de vida al que su periodo de "formación" les lleva. Bien sea por un efecto contagioso de las malas costumbres a las que todos los jóvenes nos vemos tentados, bien porque su inmadurez les hace débiles ante otros criterios más fuertes. Se sabe que la mayoría de quienes están matriculados han mordido la manzana de la ignorancia y el desprecio por el saber. Como si ser universitario supusiese una de las tareas hercúleas.

El lujo y la altivez del universitario clásico se ha mezclado con la chusma becaria más despreocupada. Y no me malinterpreten; no lo digo por aquellas familias humildes que depositan en sus hijos e hijas su confianza, su escaso patrimonio y les confieren la difícil tarea de triunfar en la vida por sí solos. La esperanza más humilde en un futuro mejor. Como no pudieron sus padres, más desafortunados que ellos. No, no me refiero a las personas luchadoras. Me refiero a aquellos que han gestado en sí la idea de “como paga el Estado, hay que secar hasta la última gota del mueble-bar". La peligrosa idea del expolio de la sociedad de los derechos.
 Esa mentalidad despreocupada, ese pensamiento perezoso y desocupado del “lo haré mañana”, ese, ese es el cáncer inextirpable de nuestra sociedad universitaria actual. Y ni les quiero comentar lo que sucede cuando esta jauría se adentra (a la fuerza, por orden paterna) en el mundo laboral. Zapatiesta asegurada.
    
 


Es por eso que aún algunos conservan los modales y hablan "de usted" a los profesores. Por eso algunos sí siguen vistiendo como un campus se merece. Al igual que un padre muestra orgulloso a sus hijos ante los ojos de quienes no habitan bajo su techo. El orgullo universitario es algo más que un derecho, es una identidad, una potestad. Tal vez un carácter más de lo que debería ser una formación correcta.
Es por eso que algunos nos enorgullecemos cuando pisamos las aulas aunque sea para sentarnos, anónimos, entre las bancas, al otro lado de la cátedra, junto a la muchedumbre que cacarea y susurra sin parar. Sin ser consecuentes de los recursos que "alguien en Madrid" asume por nosotros por cuenta de los bolsillos de todos los españoles.
 Aunque a veces sintamos la vergüenza de identificarnos como unos intelectuales tenemos claro quiénes somos y qué hacemos cuando nos preguntan sobre nuestro oficio.

domingo, 15 de julio de 2012

Y después de los Simpsons, pan y circo.

Venimos avisados desde antes de que se publicara el libro de 1984 de Orwell.
El Gran Hermano diezma los derechos del ciudadano. No me quiero referir al reality que cuestiona mi intelecto y el de todo un país, no. Con Gran Hermano quisiera referirme a un caso que se sucedió hace dos meses, en el que varios funcionarios públicos son encausados por un delito contra la intimidad de varias docenas de personas. Y he aquí lo jocoso: Si cuatro indocumentados que poseen nuestros datos más personales hacen negocio con ellos ¿Qué no podrá hacer el Ejecutivo? ¿Qué datos no pueden desconocer de nosotros el Judicial? ¿Y qué normas tendrán “en estudio” los señores del Legislativo?

 Encausan a personalidades del CNI por este mismo delito, por supuesto porque hay manos que pagan por obtener esos datos (*1). Y he aquí mi pregunta: ¿Estamos seguros?
La respuesta a esta pregunta es un rotundo NO. La ciudadanía no está segura en manos de estos gobernantes. Y si alguien hace acopio del lirismo político y de discursos que citan nuestra Carta Magna, llegaremos a una conclusión: Tenemos la misma privacidad que la que tenían los ciudadanos de la antigua URSS, de la antigua RDA y de la Alemania Nazi, las cosas como son.

Ese ansia de control, ese SITEL mal usado y toda esa maquinaria bolchevique destinada a saber y conocer a cerca de la vida íntima de cada uno de nosotros, ahora resumido todo a golpe de “click”.
Y en estos tiempos, en este marco socio-político, de esas leyes excusadas por la “seguridad nacional”, surgen entes que buscan permanecer al margen de las “orejas del Estado” (que no al margen de la Ley, aunque algunos se empecinen en sacarle similitud), con un mensaje más que claro: “A mí no me espiéis, cabrones. Yo no he votado vuestra falsa democracia”.

Es después de los Simpsons cuando nos bombardean con esa mierda prefabricada en algún lugar de Madrid. Cuando con cuentagotas se nos inducen a pensar como algunos quieren que pensemos. Y es entonces cuando a ese pueblo, que no se entera “de misa, la mitad”, le llega el turno de hablar y comentar, de difundir las falaces ideas que los listillos de turno quieren que comentemos en cada momento de nuestra vida privada, aquella que, muy a su pesar, aun no pueden controlar.

 En todo un país nadie se alarma cuando se destapa una trama que estafa a las arcas del Estado cientos de miles de euros. De hecho, nos lo tomamos a broma y hacemos chistes sobre ello. Y digo yo ¿Dónde está el sentido común? ¿Dónde está ese afán por la justicia social que distingue al pueblo del soberano?.

 En este caso no quisiera excusar a los maltratadores, pero ¿y si a alguien, en medio de una crisis social, económica y de valores, se le ocurre “armar” a un montón de putas (personas que se venden a los intereses de otros) con las herramientas necesarias para desestructurar a más de 350 familias diarias a cambio de una suculenta cifra mensual? ¿Eso no nos molesta? ¿Eso no nos indigna?
 2.000€ por mujer “maltratada” que provienen de una plataforma europea van a parar a las arcas del Estado, eso son 700.000€ diarios que una economía “en recesión” agradece gustosamente. Una cifra para la que sí merece la pena montar todo un organigrama hembrista, y es que por desgracia, los hombres parece que no aportamos dinero al Estado.

 Por eso cuando llamo a algunas personas putas y zorras, creo que hablo con total exactitud conceptual. Ya que cuando se trabaja para el Estado en perjuicio del ciudadano, uno deja de ser parte del pueblo al que debe servir, por mucho que en los mítines y peritajes “imparciales” se pretenda presuponer otra cosa.

 ¿Y cuánto vale la libertad de un hombre? Todo lo que se le pueda sacar vía resolución judicial, más lo que cada mujer “maltratada” recibe en concepto de prestación, más la minuta de los abogados, más el sueldo de los funcionarios, peritos y personal de aquellos juzgados destinados a instigar los conflictos, la injusticia en la custodia de los hijos y la privación de la libertad masculina, sí, esos juzgados especiales.
 La libertad de un hombre en España vale lo que sus carceleros están dispuestos a pagar por ella, por su mujer no, por sus derechos y por su libertad.

Y si las putas y sus chulos nos están gobernando en un país donde ya no se puede distinguir entre los cuatro poderes ¿Qué nos queda? ¿Qué os queda, españolitos de a pié? Sumiros en la miseria a los que tengáis una familia que mantener y un desempleo que soportar, sumiros en la misogínia a los que conozcáis un caso de falsa denuncia en materia de violencia de género, sumiros en la vergüenza aquellas que habéis luchado por la “igualdad real y efectiva” consagrada en el artículo 14 de nuestra Constitución, sumiros en el descrédito y en la impotente incredulidad aquellos que cada sábado os topáis de bruces con las minifaldas, portadas por esas mujeres que en un futuro pueden lucrarse y vivir de vosotros a costa de lo que os arranque el Estado.

Y muchas gracias, Pajín, Aido y demás personas de la misma rehala por jodernos a todos y a todas.
 Muchas gracias por promover las políticas socialistas de “pan para hoy y hambre para mañana” que han convertido el último bastión de la sociedad (la familia) en una cueva de ladrones. Política de las que España algún día se arrepentirá y tendrá que pagar mientras otras se retiran de la política con sueldos bien jugosos. Gracias a todos vosotros que habéis tachado de "prevaricador" a un juez sevillano que lo único que ha intentado ha sido promover el sentido común y la mediación en los albores de una realidad que se asemeja más a Sodoma y Gomorra que a cualquier Estado democrático... ¿O no?.


*1 (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/28/espana/1298897146.html)



domingo, 10 de junio de 2012

Imagina...


Imagina ese clásico partido que tanto esperabas. Ese épico partido que todo un país lleva aguardando desde el final de la pasada temporada.

Imagina a esos dos equipos, de frente, cara a cara, con sus coloridas indumentarias sin ninguna diferencia aparente salvo la que quizás surge entre los mismos integrantes de ambos equipos.
Unidos ambos por la victoria sin tener peso la raza o la familia de cada uno.

Imagina que entre el jaleo de los hinchas, los dos equipos toman el campo. La moneda se lanza al aire pero el árbitro ignora este azar, asignando a uno de ellos un determinado lado del campo.
La gente no silba ni protesta, a fin de cuentas es conveniente empezar así, esa elección no decide nada.
Imagina que ambos entrenadores han arengado a ambos equipos y la tensión se masca en el aire. Hay una gran copa brillante y mucho dinero en el saco, no se prevé un juego limpio.
Imagina que se sucede el partido y un grupo de los jugadores de uno de los equipos juega de modo agresivo. Se suceden rodillazos, patadas, pisotones por todas partes. A veces incluso detrás del mismo árbitro, quien no se percata de lo que sucede.
Los jueces de línea comunican por radio algunas faltas sin decir concretamente el integrante del equipo que las ha cometido. El árbitro intenta que esta situación deje de sucederse, no obstante, los hinchas de un equipo no para de gritar y abuchear a los jugadores del otro campo. El árbitro, en consecuencia, saca tarjetas amarillas y rojas al equipo cuyos hinchas no vociferan ni protestan. La mayor parte de las veces sin ver la “agresión” con sus propios ojos, fiándose del criterio de los linieres.

Ante esa injusticia deportiva, los hinchas del equipo afectado no alzan la voz salvo cuando uno de los jugadores de su equipo es pateado por el otro equipo, es decir, cuando hay una auténtica agresión en el campo. No obstante, los linieres no notifican esas faltas antideportivas, parecen no verlas.
Los jugadores del equipo "pisoteado" saben que deben volver rápidamente al juego. No hay para llorar en el suelo, sino para ganar marcando todos los goles posibles.

Imagina que termina el primer tiempo y han sido expulsados cinco jugadores de uno de los equipos. El marcador está 3 a 0 y muchos de los hinchas del equipo perdedor abandonan las gradas. Algunos se van a casa y otros cambian su asiento por el del otro equipo, sin embargo aun quedan hinchas del equipo perdedor, que permanecen en su sitio a la espera de que mejore el partido. A fin de cuentas también hay amigos y familiares de los jugadores en esas gradas.

Cuando comienza la segunda parte y alguien ha escondido las botellas de agua en los vestuarios del equipo que va perdiendo.
Durante el juego, en un descuido, un integrante del equipo vencedor asesta un puñetazo a uno de los jugadores del equipo que va perdiendo.
Entonces que el agresor, teatralizando, se tira al suelo y comienza a arrugarse mientras el otro, mareado y sangrando, protesta ante el árbitro la agresión recibida. Los jueces de línea dicen no haber visto nada.
Imagina que el árbitro, confuso, toma la decisión de expulsar del campo al agredido, ante los vítores y aplausos de los numerosos hinchas del equipo vencedor y ante el desconcierto de todos los integrantes del equipo que va perdiendo.

El entrenador del equipo perdedor está demasiado ocupado llamando por teléfono y leyendo una revista, ignorando el juego de sus entrenados y el desarrollo del partido. De hecho, hasta olvida cambiar a los jugadores más cansados o reponerlos ante las numerosas expulsiones.

Los medios de comunicación que televisan el partido no siguen la pelota como es debido, no obstante, no dejan de repetir los excelentes tiro a puerta que han dado lugar al 3-0. El juego peligroso del equipo ganador es sustituido por las imágenes que muestran a un jugador tirado en el suelo arrugándose, fingiendo unas ensayadas muecas de dolor.

El marcador asciende a 4-0, y ante el júbilo de los exaltados hinchas y el árbitro es testigo de una agresión entre dos jugadores, provocada por un delantero del equipo vencedor. El árbitro lo tiene claro y saca la tarjeta amarilla al responsable de la conducta antideportiva.
Imagina entonces que los hinchas comienzan a insultar al árbitro y éste se encoge de hombros.

Imagina que después de unos minutos el partido llega a su fin. Mientras los vencedores aguardan en el campo y son vitoreados, los jugadores del equipo perdedor salen del campo con la cabeza baja, sin el apoyo de su entrenador, sedientos, exhaustos e insultados por muchos de sus propios hinchas, sin contar las injurias que les lanzan los simpatizantes del equipo vencedor.

En los titulares del día siguiente se aprecia como yace en el campo, arrugándose de dolor, un jugador del equipo ganador y cómo un integrante del equipo rival realiza una entrada peligrosa. Terminando la noticia con una instantánea en la que figura el resultado del partido.

Imagina que esos mismos medios de comunicación han manipulado las cifras de las faltas antideportivas producidas.La redacción del periódico ha omitido algunas agresiones producidas por el equipo vencedor y han agravado las y sanciones a jugadores del equipo perdedor.

Imagina entonces que se publican también unas sanciones a los jugadores que estaban en el banquillo y que ni si quiera pisaron el césped.
Imagina que a los hinchas del equipo perdedor se les señala por la calle y se les critica por llevar la camiseta de su equipo.

Ningún periodista quiere entrevistar al entrenador ni a los jugadores del equipo que no consiguió marcar ningún gol a pesar de que ellos declaran que el partido estaba “comprado”.
El equipo vencedor se había estado promocionando diciendo que era un equipo omitido del ámbito deportivo, que estaba alienado y que nunca había ganado un partido por sus propios medios.
Todo el mundo aplaude al árbitro, que favoreció al equipo vencedor.

Imagina que en lugar de ser un partido, sea la vida real.
Imagina que ese espectáculo deportivo se llama termina con la coletilla de “... de género”.
Imagina que el equipo vencedor se presenta ante los medios como el equipo "igualitario" de las mujeres españolas.
Imagina que el árbitro representa al Poder Judicial. Y que los jueces de línea representan a los Fiscales.
Imagina que el público son hombres y mujeres de todas las provincias, obligados a ver y ser informados de ese irracional partido.
Imagina que toda una grada deshumanizada de hinchas jóvenes y adultos de todas las edades vitorean y aplauden los abusos de todo un sistema que atenta contra los derechos de otras personas con las que no guardan parentesco ni relación.
Imagina que los insultos y la discriminación asolasen la vida de personas que no han hecho nada más que haber nacido hombres, buenos novios, hijos, padres o abuelos de familia. 
Imagina que el partido que se sucedió en 2004 (el Día de los Inocentes, el 28 de Diciembre) y aún se sigue jugando...

lunes, 9 de abril de 2012

Tiempo, ese gran compañero.

Desde siempre, el portador de buenos y malos presagios, de buenas o malas noticias.
Tiempo. A veces lo que nos hace falta es precisamente eso, mucho, mucho tiempo. Tanto para comprender como para actuar (respecto a la realidad que nos toca vivir), para poder pensar, para poder decidir aquello que es más correcto a nuestro entender.
Siempre tiempo para meditar y valorar, para reponernos de un imprevisto achaque de la vida. Sólo tiempo.

Dicen que es sólo cuestión de tiempo lo que nos depara el futuro. Sin duda eso es cierto. Lo que nos espera el mañana sólo puede hacerse realidad cuando éste llega, el resto de teorías y medidas que creemos con seguridad son sólo especulaciones. Especulaciones, imaginaciones ensoñadas de unos seres que pasan más de un tercio de su vida pensando en las probabilidades (mal calculadas) que les depara su existencia. Especulaciones que, normalmente, pasan a ser posibilidades. Unas posibilidades que por suerte o por desgracia nunca llegan.
Eso es un ejemplo de inversión infructuosa: Invertir tiempo en algo que difícilmente sucederá.

Tiempo. Si sólo se necesitase eso para poder mejorar nuestro presente ¡Qué fácil sería todo! ¡Qué esperanzadora idea y cuán luminoso parece un presente cuando por la puerta asoma la idea de la otra vida! Vida que a pesar de todo no deja de ser más que más y más tiempo después de esta.
Dicen que pone a cada uno en su sitio (quizás con ayuda de Dios), pero yo, sin duda, sigo el camino de Santo Tomás. Y no creeré hasta que no vea como el libre desarrollo de los acontecimientos de una vida casi anónima, hace desembocar en el éxito de quien fue agraviado en el pasado. O que cae en la humillación y en la desgracia a favor del regocijo del mismo agraviado…

El tiempo no deja de ser nuestro amigo, que nos brinda y acompaña oportunidades de lujo, placer y acontecimientos vitales. También ocupa un lugar importante como juez y parte en nuestra pugna contra el mundo, contra la vida misma. Mostrándonos la finitud de nuestras obras, la fugacidad del deambular de todos los hombres, de todos los seres.


Y por eso es por lo que se decía que el tiempo es oro, es el oro más preciado. Es el oro de un avaro rentista que cree que puede conservarlo por siempre en su caja blindada, gastando únicamente lo necesario sin poder ingresar nada. Poco a poco se empobrece sin apenas notarlo hasta que el vacío de la caja puede casi hacer resonar la voz del que observa con espanto la escasez. Y entonces ya es demasiado tarde y uno desea con todas sus fuerzas y la experiencia obtenida, renacer.